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De la personalidad a la identidad


La personalidad básicamente hablando, es la integración de las dimensiones físicas, intelectuales, emocionales, sociales y espirituales del individuo. Se refiere a un conjunto de pensamientos, sentimientos, hábitos, actitudes y experiencias de vida de una persona que la diferencia de todas las demás. www.meditaciondinamica.com.arombuyoga.com.ar

En general, nosotros conocemos nuestra personalidad, todos sabemos algo sobre cómo somos, cómo nos comportamos, nuestros hábitos, etc. Hay muchos aspectos de nosotros mismos que son bastante claros para nosotros, pero hay otros que no lo son tanto.
A veces, cuando hacemos un trabajo de introspección, nos damos cuenta que hay varias características relativas a nosotros que en realidad no nos pertenecen como rasgos propios. www.ombuyoga.com.ar

Acaso, ¿nadie nunca se preguntó, o cuestionó ciertos aspectos de sí mismo, que antes daba por sentado? Si, por ejemplo, a un individuo le han dicho toda la vida que era una persona fría, y éste ha integrado esta cualidad como rasgo propio, llegará el momento en el proceso introspectivo, en que se preguntará: ¿realmente soy frío? ¿realmente soy insensible? y si lo soy, ¿por qué será que lo soy?

Hace falta un proceso de introspección para darnos cuenta de qué aspectos nos pertenecen a nosotros y qué otros son derivados de la mirada de los otros. www.meditaciondinamica.com.ar

Al mismo tiempo, en la medida en que nos vamos reconociendo, podemos ir reeducando ciertas bases negativas de nuestro carácter, pero siempre sobre una base real de auto-conocimiento.
Recordemos que el temperamento viene dado por la genética, mientras el carácter se forma a partir de éste, asimilando las vivencias y experiencias que proporciona el entorno.
En este sentido, el aspecto educable de nuestra personalidad es el carácter. Pero no por esto hay que entender el temperamento como destino.
La pregunta es ¿qué vemos cuando nos vemos en el espejo? ¿Nos reconocemos realmente?

Muchas veces sucede que entre la mirada del otro y nuestro sentir interno se produce un desfasaje inconciliable, y nos cuesta acceder a nuestra verdadera identidad.
Si se le pide a una persona que se describa a sí misma, ésta responderá con cualidades como "soy bueno", "soy sensible", "soy alto", "soy intolerante", "soy fuerte", etc.

Éstos son rasgos propios de nuestra personalidad. Pero acaso, ¿estas respuestas responden asertivamente a la pregunta "¿Quién soy?" o ¿responden más bien a la pregunta de "¿cómo soy"?
Ante la pregunta "¿Quién eres?", la respuesta habitual es por ejemplo, "soy María, vivo en tal lado, tengo una casa, tres hijos, trabajo aquí o allá".

Es importante reconocer nuestros rasgos, características y cualidades tanto buenas como malas, es decir, reconocer el reflejo en el espejo, pero desde allí, poder atravesarlo para llegar a una identidad plena de quién soy.

¿Quién soy detrás de mi nombre, de mi oficio, de mi trabajo, de mis apariencias, de mis humores, de mi cultura?

Nunca se llega a responder plenamente la pregunta de "¿quién soy?", porque ésta entra en el dominio de nuestro yo profundo, y es pura dinámica. Tampoco podemos señalar, ni nombrar aquello que no podemos atrapar. La respuesta es sentida, y fluyendo en la gran inmensidad de ese sentir, y en la más perfecta concretud del mismo, la respuesta aparece como una epifanía: yo soy.



El Ego y el Yo

El Ego es el "yo conciente". No es idéntico a la totalidad de mí mismo, sino que es sólo mi identidad conciente. Mi "yo conciente" suele poner cierta resistencia al advenimiento de los contenidos inconcientes, como mecanismo de defensa.

El sí-mismo es resultado de un proceso al que Jung llama individuación, mediante el cual lo inconciente se integra al dominio de la conciencia. Es la totalidad de mi YO. Se puede decir que es el Yo profundo.
El ego debe ceder su dominio e integrarse a la amplitud de un yo integrado, más amplio, y más armónico.
Pensemos en la siguiente imagen: la persona toda es como un Iceberg. La punta, lo que se ve, representa al "Yo conciente" o al Ego, el resto es contenido inconciente. En la medida en que podemos integrar ese contenido inconciente al mundo de la conciencia, es decir, des-cubrir el resto del Iceberg, la persona ya no se identifica tan sólo con la superficie, sino con toda su totalidad integrada. Se descubre a sí misma, se descubre el sí-mismo.

"La conciencia, por más amplia que pueda ser, es el círculo menor dentro del círculo mayor de lo inconsciente, la isla rodeada por el océano; y al igual que el mar, también lo inconsciente produce una cantidad infinita de seres vivos en constante renovación, una riqueza que no podemos controlar. Conocemos desde hace mucho tiempo el significado, los efectos y las propiedades de los contenidos inconscientes, pero no hemos investigado todavía su profundidad y sus posibilidades, pues son capaces de variaciones infinitas y no pueden ser despotenciados. La única posibilidad de hacerse con ellos en la práctica consiste en intentar proporcionar a la conciencia la actitud que permita a lo inconsciente cooperar en vez de oponerse."
(Carl. G. Jung)

El inconciente es autónomo con respecto al conciente y es esencialmente creativo. Es decir, que a diferencia de Freud, para Jung el Inconciente no es simplemente el lugar donde se depositan los contenidos que el conciente reprime.


Jung habla de tres instancias:

-Conciente: que es justamente la conciencia vigil y parte activa que ejecuta nuestra personalidad.

-Inconciente Personal: es el inconciente al que se refería Freud. Es el inconciente relacionado con nuestra historia personal, contenidos reprimidos, vivencias pasadas, etc. Es decir todos aquellos contenidos que el conciente reprimió o contenidos que nunca accedieron al nivel conciente.

-Inconciente Colectivo: es el inconciente común a todos los seres humanos. Es algo así como la mente originaria del hombre. Tiene características primitivas que formaron parte de la mente originaria y que el hombre moderno fue dejando de lado y que el inconciente reproduce a modo de recuperarla.
Si bien Freud reconoció algo que llamó remanentes arcaicos, Jung se diferencia de la idea de remanente, por cuanto se entiende que es un depositario de contenidos de la conciencia. Para Jung, el inconciente es autónomo con respecto a la conciencia.

"Lo inconsciente colectivo es todo menos un sistema aislado y personal. Es objetividad, ancha como el mundo y abierta al mundo. Yo soy el objeto de todos los sujetos, en perfecta inversión de mi consciencia habitual, donde soy siempre sujeto que tiene objetos. Allí estoy en la más inmediata e íntima unión con el mundo, unido hasta tal punto que olvido demasiado fácilmente quien soy en realidad. "Perdido en sí mismo" es una frase adecuada para designar ese estado. Pero ese "mismo" es el mundo, o un mundo cuando puede verlo una consciencia. Por eso hay que saber quién se es."
(Carl. G. Jung. Sobre los arquetipos de lo inconsciente colectivo)

Para acceder al Inconciente Colectivo es necesario acceder primero al Inconciente Personal. No puedo acceder a esa objetividad, "ancha como el mundo y abierta al mundo" sin antes saber Quién soy.

Es necesario comprender que el ego es una pieza fundamental para el proceso de individuación, para la ampliación de la conciencia. El ego, al abrirse a la realidad interior, cede su dominio a una identidad más profunda y más amplia, y sintiéndose parte de una totalidad más completa, se funde en una dinámica que lo transforma en instrumento de puente hacia el mundo, y desde el nuevo centro del ser, el mundo se ve transformado.

De esta forma la persona encuentra su propia vocación que lo compromete consigo mismo, con la naturaleza, con el prójimo y con la creación en un verdadero estado de plenitud.

Lo que queremos decir, de alguna manera, es que de nada sirve pelearse con el ego, porque es una pelea del ego contra el ego. Más bien, así como el inconciente es invitado a cooperar en vez de oponerse, el ego ha de ser invitado, desde una actitud de aceptación, humildad y amor, a compartir una realidad más amplia que la que viene abarcando hasta ahora.

Nuestra subjetividad, la calidad de la mente con la que accedemos al mundo, es imprescindible y fundamental y hay que cuidarla positivamente, como dijo alguna vez Nicolás Caballero. De esta manera podrá abrirse de un modo eficaz y eficiente al mundo más amplio y perfecto de nuestra interioridad iluminada.

Es importante que el ego pueda confiar y entregarse al lenguaje simbólico del ser, y así en actitud de escucha, permitirnos a nosotros mismos abrir las puertas a un mundo completamente nuevo, en donde la felicidad y el gozo más perfectos son completamente posibles y reales.

Hernán R. Borgonovo y Carolina A. Cobelo


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